Este ensayo filosófico surge de una larga y detallada lectura de los principales textos sobre los animales que escribieron Martin Heidegger (1889-1976) y Friedrich Nietzsche (1844-1900). De esta lectura procede la idea de que, a pesar de las diferencias irreconciliables entre sus perspectivas, existe un punto de encuentro que se manifiesta como paradójico: en ambos caminos se considera que el animal es un enigma, aun cuando con Nietzsche aceptemos que entre la naturaleza animal y la humana existe continuidad, de acuerdo con la interpretación de diversos evolucionismos del siglo XIX, o que con Heidegger se afirme un abismo entre hombre y animal. Este enigma que se hace patente en la inmediatez que caracteriza el arraigo de los animales a la vida, expresión, según Nietzsche, de la voluntad de poder entendida como afirmación radical de lo viviente, es solo posible bajo el signo de un olvido constitutivo que permite dejar fuera de sí todo aquello que no sirve para su autoafirmación. Ciertamente, el olvido así comprendido alude a una forma de retraimiento, de silencio, inaccesible para el ser humano, que recuerda